Cada verano miles de estudiantes tienen el mismo dilema: ¿Voy a clases de repaso o disfruto de las vacaciones? En ocasiones, muchos estudiantes escogen la segunda opción y luego, cuando empieza el curso, por mucho empeño que pongan y por mucho que estudien, acaban suspendiendo. ¿Por qué se produce esto?

Lo cierto es que estudiar, podemos estudiar todos. ¿Qué hace falta para ello? Una mesa, una silla y el temario delante. Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma facilidad para “ponerse” e incluso aquellos que se “ponen” a ello, acaban por no conseguir los resultados que querían. “He estado estudiando muchas horas pero no me ha cundido nada” solemos oír muchas veces en vísperas de examen. Eso es un diagnóstico claro: necesitas clases de repaso.

Y es que una clase de repaso no es únicamente ponerse a estudiar, abrir el libro y leerlo. Es mucho más. En primer lugar, al ir a clase de repaso durante el verano, lo que estamos consiguiendo es establecer una pauta de estudio, una disciplina que cumplimos para poder llegar a nuestro objetivo: sacar buenas notas y aprobarlo todo. El ir a clase, el estar con otros estudiantes y con un profesor hace que “rindamos más”. Si estamos solos en casa es difícil que lo hagamos porque no podríamos “Probárselo a nadie”.

Las clases de repaso también enseñan a estudiar

Otra cosa que hay que tener en cuenta a la hora de hablar de clases de repaso durante el verano, es que no sólo te enseñan lo que necesites: matemáticas, lengua, física, inglés… Las clases de repaso a las que acudimos durante el verano nos enseñan algo mucho más importante que todo eso: nos enseñan a estudiar.

Y es que, si vamos a clases de repaso nos daremos cuenta de que con mucho menos tiempo del que le dedicábamos podemos conseguir muchos mejores resultados. Al ir a clases de repaso, podemos aprender las buenas técnicas de estudio y comenzar a poner en práctica rutinas de estudio diario que harán que cada día podamos estudiar sin prácticamente esfuerzo alguno.

Además, una cosa que aportan las clases de repaso es un seguimiento individualizado. Si estudiamos solos en casa durante el verano, no tendremos ninguna manera de saber si vamos bien o si vamos mal. ¿Cómo saberlo? ¿No conoces a gente que decía que no había estudiado nada e iba a suspender y luego sacaba un diez? ¿Y lo contrario? Son gente que no tiene una percepción de cómo lo está haciendo de bien.

Las clases de repaso dadas por un profesional nos permiten tener informes individualizados de cuál es nuestro desempeño. De esta forma sabemos si debemos “apretar” un poco más o no. También, estos informes nos dirán en qué debemos mejorar, a qué aspectos debemos darle más importancia y, en definitiva, nos darán todas las claves para que aprender cualquier materia sólo sea coser y cantar. Y tú, ¿Te animas a venir a clases de repaso?

 

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