Todos en algún punto hemos escuchado el típico “me tomé tal medicina y me sentí mejor”. Sin embargo, a lo que no se le da verdadera importancia es para qué o cuál fue la receta médica de ese fármaco. Sí, es allí donde entramos en los terrenos de la automedicación constante. Lastimosamente, más allá de ser una práctica “sana”, en realidad estás haciendo lo inverso.
Automedicación: el concepto que no sabías
A grandes rasgos, la automedicación es un grave problema de salud pública que está poniendo contra las cuerdas al sistema sanitario. La Organización Mundial de la Salud, la define como una práctica en pro de la selección y uso de medicamentos por cuenta propia. Asimismo, se sustenta en la falsa creencia de tratar enfermedades “parecidas” y “auto reconocidas”, pero mal diagnosticadas y de lo que se debe aprender.
Por su parte, automedicarse es el paradigma de la atención médica, siendo lo opuesto a la misma. Básicamente, el profesional de la salud no interviene en ningún aspecto, lo que conlleva a un sinfín de riesgos. En adición, se promulga un círculo vicioso en donde las personas no son objetivas y tienden a seguir el consejo erróneo de otras. Sin duda, terceros que, definitivamente, no tienen solidez alguna.
Hasta la fecha, la automedicación se presente de tres formas diferentes, pero igual de peligrosas. En primera instancia, está aquella relacionada con fármacos sin venta libre y que tienen un componente ilegal asociado. Secundario a ello, están los prescritos por el médico en una enfermedad pasada, pero utilizados sin nueva receta para un padecimiento actual. Y, finalmente, la automedicación por referencia de terceros.
5 razones por las que es malo automedicarse
La automedicación es una práctica común que no puede seguir extendiéndose a diestra y siniestra. Con la llegada de la pandemia, este mal hábito cobró mucha más fuerza, sobre todo por la incertidumbre que generó el virus. No obstante, es imprescindible que conozcas las 5 razones por las que es malo automedicarse. De ese modo, tu visión se ampliará y contribuirás a la causa.
Resistencia a las bacterias
Lamentablemente, los antibióticos son la clase de fármacos o medicina que más se utiliza en la automedicación. Hoy por hoy, el desconocimiento acerca de la usanza de estas drogas es elevado. Además, la pandemia por la COVID-19 contribuyó a esa situación, generando incertidumbre y más desinformación. En el presente debido, a esta eventualidad, la resistencia a las bacterias es cada vez mayor y peligrosa.
Predisposición a efectos adversos
Cuando una persona tiende a automedicarse, ignora por completo los posibles efectos adversos asociados a su ingesta. De hecho, únicamente se enfrasca en la curación de su enfermedad, pero no mira a los lados. Al instante en que eso sucede, su organismo podría reaccionar de manera distinta a lo que piensa. Por tanto, es imprescindible tener precaución y no tomar esta medida a la ligera.
Desplazamiento de la atención médica
Aunque no lo creas, la automedicación desplaza por completo la atención médica especializada. En retrospectiva, se genera un círculo vicioso en donde las personas creen saber lo que es ideal para sus padecimientos. Erróneamente, caen en las opiniones subjetivas de terceros sin escuchar asesoría experta, lo que puede pasar factura a largo plazo o, incluso, antes.
Incremento de emergencias
Otro punto de relevancia obedece al desarrollo o elevación de las emergencias. Como es lógico, cuando la automedicación se hace recurrente, a veces se genera la falsa expectativa de estar sano. No obstante, la realidad es que no estás tratando tus problemas de base, lo que conlleva a un desajuste o exacerbación de la enfermedad. A raíz de ello, terminar en urgencias es un desencadenante frecuente.
Riesgo de intoxicación
Por último, pero no menos trascendental, el gran riesgo de intoxicaciones por fármacos está muy latente. Habitualmente, automedicarse no sigue regímenes ni recetas médicas, por lo que la dosificación del medicamento no es óptima. En paralelo, la cantidad consumida de estas drogas suele ser excesiva a modo inconsciente. Por consiguiente, si no quieres terminar mal, no es recomendable continuar así.
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